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sábado, 18 de enero de 2014

Asociaciones versus centros

ASOCIACIONES VERSUS CENTROS, el conflicto está servido.

El movimiento pro discapacidad intelectual está organizado a base de asociaciones privadas y sin ánimo de lucro que comparten misión, visión y valores. Una inmensa mayoría de ellas están federadas a nivel autonómico y confederadas a nivel nacional.

Todas ellas o al menos todas las que yo conozco, han ido generando recursos propios al objeto de prestar servicios a las personas con discapacidad intelectual de su entorno. Gracias a medio siglo de historia y al esfuerzo, a veces lucha denodada de dichas asociaciones, las personas con discapacidad intelectual van ocupando su lugar en la sociedad. No se discute si tienen o no derecho a educación, salud o prestaciones sociales; incluso a nivel general se habla de integración aunque ésta se disipa totalmente cuando se termina el periodo educativo.

Volviendo a las asociaciones y en lo que se han convertido, fijémonos en lo que fue una asociación tipo y en lo que es a día de hoy. Grupo de personas que se definen a través de su misión, que genera un recurso para atender a sus hijos, por ejemplo una residencia, en la que se prestan servicios competencia de La Administración Autonómica, la cual establece un concierto con la asociación para que aquella gestione las plazas a un precio sensiblemente inferior al que costaría prestarla de forma pública.

Este aparente galimatías merece un análisis detenido y requiere en mi opinión una gestión muy delicada por las consecuencias negativas que tiene en la realización de la misión de las asociaciones.

La realidad actual de una asociación tipo es: Un tejido directivo cuya capacitación y competencia no está acreditada más que por ser familiar de persona con discapacidad intelectual, controlando a un equipo de profesionales, por lo común, bastante competente y con titulación, conocimientos y profesionalidad ampliamente acreditadas. Es más, el rol directivo en la asociación, se parece más a un consejo de administración de una empresa de prestación de servicios que a una entidad de carácter asociativo. Se puede decir más claro, los directivos de una asociación creada para promocionar la calidad de vida de las personas con discapacidad intelectual, dedican su tiempo a controlar los centros propiedad de dicha asociación.

Llevado a un símil en el entorno educativo, supondría que cada grupo de padres de niños en edad escolar, empeñaran su esfuerzo en conseguir recursos para edificar una escuela, un instituto y una universidad; dotarlos de los recursos humanos necesarios y participar de su gestión mediante conciertos con La Administración, consiguiendo así que sus hijos disfruten de una educación de calidad. Muy pocos o ningún padre empeña su esfuerzo en este disparate, lo normal para un padre responsable es exigir de La Administración competente las plazas de escolarización necesarias y utilizar los cauces ordinarios de participación en la gestión de las plazas públicas o de concierto.

Volviendo a nuestras asociaciones y al rol directivo. ¿Que preocupa más a un  presidente?, pagar las nóminas, o el baremo de dependencia; un conflicto laboral en uno de sus centros o un retraso en un PIA; un impago que haga peligrar la viabilidad de uno de sus centros o una iniciativa parlamentaria de dudosas consecuencias para la discapacidad; financiación para terminar mi centro o personas con discapacidad sin atender.
Seamos sinceros y mirémonos en el espejo, ¿En que empleamos más tiempo los directivos? Es asuntos ligados al patrimonio y la gestión o a LA MISIÓN de nuestra asociación. No conozco ninguna asociación en cuya misión se incluyan términos como patrimonio, centros, servicios.... En el mejor de los casos estos términos pueden aparecer en los estatutos con un rango muy secundario.

Naturalmente, las cosas no son como son porque si, todo tiene su explicación. Es fácil agruparse entorno al bienestar de mi hijo como cosa muy concreta y muy difícil aglutinarse entorno al empeño de que cada persona con discapacidad intelectual pueda gestionar su proyecto de vida, o también más claro, una asociación sin centros tendría, en este país un pírrico futuro y posiblemente ningún socio o socios de insignificante compromiso.

Termino con la conclusión evidente. Tal y como están estructuradas las asociaciones aquí y ahora, hay cuestiones que condicionan a los directivos mucho más que la propia esencia de la asociación. Decir que hay cosas más importantes que la propia misión es un disparate de tal magnitud que requiere una solución definitiva. Tarde o temprano, se presentará la cuestión y los directivos tendrán que decidir ¿Qué decisión tomar si hay intereses contrapuestos? ¿Qué vale más? La viabilidad de un centro, la viabilidad de la propia asociación, o el derecho de una persona con discapacidad. La cosa no está tan clara y si a usted se lo parece, analice la intensidad de la reivindicación de los retrasos en los pagos frente a la intensidad con la que se reivindican los retrasos en los PIAS o el hecho de que no se concierten nuevas plazas desde hace años.

Este asunto no puede esperar, gestionar centros es legítimo, reivindicar es imprescindible, la gestión de centros debería ocupar el tiempo sobrante de la reivindicación, labor compleja donde las haya y no al revés. La solución requerirá tomar decisiones importantes y probablemente arriesgadas.